¿Por qué hacemos ruido?

https://diosessinigual.files.wordpress.com/2013/11/hombre-con-lentes-cantando-en-micrfono-de-pie.jpg?resize=203%2C203Muchos de los cristianos al ser nuevos e ir conociendo del movimiento pentecostés entraban pensando, pero ¿Por qué hacen tanto ruido estos? o la misma gente que llegan a pasar cerca de la iglesia piensan lo mismo, lo que no saben que todo lo que se hace de demostración a nuestro Señor Dios tiene un ¿Por qué?

¿POR QUÉ HACEMOS RUIDO?

Dios mandó a Su pueblo cantarle con alegría de manera resonante.

CANTAD alegres á Dios, habitantes de toda la tierra. Salmo 100:1

Este salmo fue cantado con gran resonancia en el templo, como una ofrenda de acción de gracias por haber sobrevivido a un gran peligro. Dios es fiel para librarnos diariamente de los peligros desconocidos que nos rodean, aun que nosotros no nos damos cuenta de estas fuerzas que nos amenazan. Puesto que Dios diariamente está llevando a cabo incontables milagros de salvación en nuestro favor, lo mínimo que podemos hacer es alabar con júbilo resonante en acción de gracias, por fe, cuando vamos a la casa de Dios por Su constante liberación.

VENID, celebremos alegremente á Jehová: Cantemos con júbilo á la roca de nuestra salud. Salmo 95:1

https://mysocialinterests.files.wordpress.com/2015/08/rock-and-roll.jpg?w=969&resize=356%2C222La palabra hebrea para ruido es roo-ha, que quiere decir irrumpir (en sonido gozoso) brotar en gozo hacer un ruido fuerte, abrir los oídos con ruido, gritar de gozo. No hay poder o virtud en el ruido a menos que Dios esté en el. Cuando un corazón está reventando con la gozosa presencia de Dios y cuando el poder del Espíritu Santo se está sintiendo poderosamente, el ruido es el producto natural. Nuestro Dios disfruta el ruido.

Siempre hay quienes sintiéndose justos, reprenden a aquellos que elevan sus voces en ruidosa alabanza y adoración al Dios Todopoderoso.  Cristo nos dice: Os digo que si éstos callaren, las piedras clamarán. Lucas 19:40. Ya sea que los hombres alaben a Cristo como Rey, o no, ¡Él habrá de ser, será, y debe ser glorificado!

El principio es el mismo hoy y siempre, cuando nuestros corazones y bocas son instrumentos listos para la alabanza por la presencia de Dios. El poder del Espíritu Santo de Dios debe obrar internamente primero en el corazón, rompiendo los espíritus carnales de silencio, temor y alabanza. Entonces podremos hacer ruido público y gozoso a nuestro DIOS.

B.R. Hicks,  La Adoración Verdadera en las Demostraciones del Espíritu.